Apenas un año antes de terminar la guerra, a mediados de 1944, Hungría albergaba la última comunidad judía de Europa que no había sido aniquilada. Con la invasión del Tercer Reich comenzaron los planes de deportación a Auschwitz a los cerca de 800.000 judíos que habían escapado hasta entonces. Mientras, en Budapest, el joven diplomático Ángel Sanz Briz había quedado como máximo responsable de la legación española en Hungría. Conmovido por la desesperada situación de los judíos se dispuso a hacer todo los posible para salvar a tantos como pudiera.

Las salvaciones.

En otoño de 1944, cuando Sanz Briz comenzó a expedir pasaportes y cartas de protección de la legación española tras duras negociaciones con las autoridades del partido nazi húngaro de la Cruz Flechada que gobernaban ya el país.

Con gran astucia y sangre fría se inventó que se trataban de judíos sefardíes de origen español y se las arregló para convencer a los húngaros de que se expidieran primero 100 pasaportes y después 300. Con la ayuda del personal húngaro al servicio de la legación, convirtió cada pasaporte en un documento que servía no solo para una persona, sino para una familia, ampliando así el número.

Mientras, contraviniendo su estatus diplomático comenzó a esconder judíos en la propia legación e incluso en su residencia personalSu heroísmo y gran capacidad diplomática, poniendo en riesgo su propia vida, sirvió para evitar la muerte segura de unos 5.000 judíos. El Estado de Israel le concedería el título de Justo entre las Naciones en 1989.

Audio 018, El Ángel de Budapest:

El Ángel de Budapest