A finales del siglo XVIII, España dejó una huella en Alaska. Carlos III afronta la idea de organizar asentamientos en las frías tierras del Pacífico Norte. Más allá de una simple expansión territorial y la evangelización de los nativos, existía un motivo de gran peso estratégico. Había que evitar que Rusia avanzara hacia el continente americano al otro lado del Estrecho de Bering. Así que, desde las bases en California, España acometió esta enorme empresa.

El descubrimiento de Alaska

Los españoles exploraron la actual Alaska, o Unalaska como era conocida en la época. Paralelamente tuvieron que competir y hacer frente a rusos, ingleses, holandeses y a cualquier potencia interesada en aquellos nuevos territorios. No obstante España mantuvo el control en la zona estableciendo un fuerte en la pequeña isla de Nutka, o Nutca. Esta isla está situada al sur de la isla de Vancouver, hoy Canadá. Como consecuencia si observamos un mapa actual, encontraremos gran cantidad de nombres en español en la toponimia de la zona. Por eso nombres de ciudades, islas, bahías y glaciares, son testigos de la presencia hispana en aquellas frías latitudes.

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Una huella en Alaska          Fuerte de San Miguel. Nutka